Galeria Coletivo Amarelo, Lisboa, 2024 - Project Room, comisariada por Cristiana Tejo
Sólo las casas pueden explicar la existencia de una palabra como intimidad
Ruy Belo
La casita de palitos, dibujada con lápices de colores, un rectángulo medio despeinado, un tejado medio triangular, perdida en algún paisaje, con el sol y las nubes de fondo. Junto a ella, una familia de figuras de palitos, con sus cabezas redondas, saludando y sonriendo y, a menudo, más grandes que la propia casa.

Esta es la descripción que casi todos los humanos recuerdan de sus primeros dibujos gráficos.
La casa, la familia, el paisaje.

Tres elementos que nos rodean toda la vida, y la mía también. ¿Es posible atravesar la experiencia humana evitando estos elementos? No lo creo...
Parece que esto es lo que siempre hemos anhelado: un techo, un tejado inclinado, una ventana que pueda estar abierta y amigos o familiares cerca.
Parece que esto es lo que siempre hemos anhelado: un techo, un tejado inclinado, una ventana que pueda estar abierta y amigos o familiares cerca.

Estas casas pedían espacio, salían del cuaderno y empezaban a agruparse en cuadros más grandes, conectándose o desconectándose unas de otras a través de puentes, pasadizos, escaleras y túneles.
En las pinturas, son sólo ellos, sin mención de las figuras humanas que sin duda estuvieron o siguen estando allí. Manchas en ondas sinuosas cubren lo que fue, o revelan lo que está por venir.
Las casas, así diseñadas y confundidas, son una especie de homenaje a nuestra mayor búsqueda, un lugar seguro en este mundo, en esta existencia.
Un hogar debería ser el precepto básico, el punto de partida de nuestra dignidad, pero cada vez más se está convirtiendo en un lujo. Por diversas razones, desde aspectos políticos y sociales hasta las consecuencias cada vez más intensas de nuestro descuido del planeta, las viviendas se están convirtiendo en un privilegio. La vivienda está cada vez más amenazada, lo que nos aleja aún más de aquel primer ideal de la infancia.
Si entre cuatro paredes hacemos posibles nuestras conexiones más íntimas, nuestros dolores más profundos, nuestros secretos mejor guardados y nuestros recuerdos más preciados, ¿cómo podemos vivir sin ellas?
No estamos preparados para la ociosidad que se extiende cada vez más por el mundo.
Las casas, ciudades y carreteras imaginarias que aparecen en estos cuadros pueden ser lo que fue, lo que ya no será o lo que será. Este gran “mapa imaginario” es una invitación a pensar juntos, a abrir las compuertas de la imaginación a nuevas formas de vivir posibles en medio de tiempos “tan interesantes”.
